De Mal En Peor

Batidos

Renqueante encuentro del Hierbabuena Club de Fútbol ante el New Dogs in Clot, y el equipo de la María que no consigue romper la racha negativa en la que se ha instaurado en las ya cuatro últimas jornadas. Para más inri, la derrota se fraguó a partir de los mismos pecados que en los precedentes naufragios, cosa que la hace más doliente y preocupante de cara al futuro, pues parece que los Greens no aprenden de sus errores.

 El cuero empezaba a rodar puntualmente en el Canódromo del Clot y pronto empezaron a aparecer los fantasmas que persiguen a los verdecillos: desconcentración y flojera mental. A los 5 minutos caía un balón bombeado al área verdiblanca y nuevamente la Araña de Gracia, a quien parece afectarle el runrún de la grada cuando se acerca alguna pelota dividida a sus dominios, salió con poca convicción y acabó dejando un regalo al delantero rival. La situación era conocida, pues otra vez, sin que el rival hiciera gran cosa, los Greens comenzaban regalando unos goles que a la postre serían irremontables. Al cabo de unos instantes, caía el segundo unido a un estallido de la grada del Clot. Las caras de los verdecillos lo decían todo, y su caminar cabizbajo mostraba a un equipo al que le empiezan a pesar en el ánimo los goles en contra. Afortunadamente para los Greens, ese día podían contar con la colaboración de la perla del filial, el Fever Arroyo, que esta vez no solo fue fundamental en lo que estrictamente concierne al esférico, sino en el espacio anímico, si bien resultó algo sonrojante ver a un canterano espoleando a los veteranos verdiblancos. El Torpedo de Sant Just cogió las riendas de un equipo malherido, y marcó el 2-1 en un jugada llena de fuerza y velocidad, y asistió al Chicharrico Arderiu para que empatara el partido llegando con la puntera. Sin embargo, un nuevo despiste atrás volvió a dejar a los Greens por detrás en el marcador a la media parte, cuando los verdecillos se retiraron del campo enjambrados en estériles discusiones y demasiados nervios.

 El desquicio hierbil continuó tras la reanudación, cuando, jugando un partido que no se podría definir como malo, seguía pagando carísimos unos despistes que esta claro que no se puede permitir. Así llegó el cuarto del Dogs, aunque todavía quedaba partido para reaccionar. Sacando fuerzas de flaqueza, los Greens pusieron toda la carne que les quedaba en el asador para marcar el tercer gol de su cuenta a través de la Estrellita Suárez, y estando a punto de empatar a cuatro en un par de ocasiones lejanas del Vengador Colet, que esta vez no estuvo inspirado de cara a gol en las pocas ocasiones de las que dispuso. Sin embargo, esas fueron las últimas oportunidades del Hierbabuena de reengancharse al encuentro, pues volcado al ataque el Hierba da signos de debilidad atrás, cosa que no desperdiciaron los perrunos contrincantes para acabar de sellar el 6-3 del marcador a base mortales contrataques.

 A término del match había pocos motivos para el optimismo, y los gestos de los Greens lo demostraban. El Hierbabuena no está jugando mal, pero sigue regalando los partidos en despistes infantiles en todas las líneas, empezando por un cancerbero presa ya de una ansiedad que le hace cometer unos errores a los que no nos tiene acostumbrados, continuando con una defensa que sigue dando pases peligrosos atrás mirando al suelo, y acabando por una delantera y un mediocampo que se entestan en escoger siempre la opción más difícil para progresar, con lo fácil y efectivo que es hacer una pared, como nos demuestran continuadamente las delanteras rivales. De sobra es sabido que ante rivales de entidad como los que se encuentran en esta liga, a los Greens les cuesta meter más de cuatro o cinco goles. Eso quiere decir que difícilmente van a ganar algún partido si en cada enfrentamiento regalan tres como mínimo.

 Sin lugar a dudas, es el momento de que se tomen medidas drásticas, antes que sea demasiado tarde. La salvación es todavía totalmente posible, pero se necesita de una reacción inmediata y de acciones que revitalicen el agobiado ánimo hierbil. Se comenta que al termino del encuentro el presidente del club bajó al vestuario en un acto sin precedentes para insuflar valor a sus jugadores, aunque quizás lo más efectivo será realizar alguna salida vespertina con la que ahuyentar los malos espíritus que parecen cernirse sobre el Grass Stadium.

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