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¡Se acabó la pesadilla! El Real Murcia vuelve a ganar en Madrid tras 19 años de sequía

El Real Murcia tumba su maldición de 19 años en el Cerro del Espino tirando de orgullo, sufrimiento y la sangre fría de Flakus desde el punto de penalti.
Real Murcia C.F.12/10/2026Agustina IglesiasAgustina Iglesias

RAYO REAL MURCIA


Hay victorias que se recuerdan por la belleza del juego y otras que se graban a fuego por lo que significan en el alma del murcianismo. Lo vivido en el Cerro del Espino pertenece al segundo grupo: un ejercicio de fe, casta y supervivencia donde el Real Murcia se vació por completo para embolsarse tres puntos de auténtico oro frente al Rayo Majadahonda y liberarse de una pesada losa histórica de casi dos décadas sin ganar en tierras madrileñas.

El choque arrancó con el colmillo afilado de un Murcia dispuesto a quitarse la espina del derbi desde el primer suspiro. No se habían cumplido diez minutos cuando el coraje de Alberto González forzó un claro penalti tras recibir un descarado agarrón dentro del área. David Flakus no dudó, asumió la responsabilidad y con un golpeo raso y ajustado desató la locura en la expedición grana. Un 0-1 tempranero que no era solo un gol: era el primer hachazo a 19 años de maldición.

El partido pronto se convirtió en una trinchera. A pesar de que el Rayo Majadahonda vio cómo Íñigo Ramos se marchaba expulsado con roja directa al arranque de la segunda mitad, el cuadro local no entregó las armas y apretó con todo. Ahí emergió el verdadero espíritu competitivo del Murcia: un bloque unido que supo abrocharse el mono de trabajo, multiplicarse en cada ayuda y achicar balones con el alma para sostener la ventaja.

Cierto es que al equipo le faltó continuidad con el balón y que los cambios de Sergi Guilló buscaron amurallar el resultado antes que buscar la sentencia, más allá de un latigazo lejano de Cristo Romero sacado por el meta local, pero cuando la historia y los fantasmas del pasado pesan tanto, el juego vistoso pasa a un segundo plano. Este Murcia demostró que también sabe sufrir, rascar, morder el césped y defender su botín hasta el último de los seis minutos de añadido.

Al pitido final, el esfuerzo tuvo su premio. El conjunto pimentonero rompió el maleficio madrileño, dio un salto de gigante en la clasificación y demostró que tiene la madurez necesaria para ganar incluso en las tardes más grises y sufridas. Un triunfo de puro carácter que recarga de moral a la afición.


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