
La F1 vuelve al trabajo en el GP de los Países Bajos
Carlos Pujalte
El ambiente en Zandvoort es distinto. No solo por el mar que acaricia la pista con su brisa atlántica, ni por las tribunas teñidas de naranja que alientan sin descanso a Max Verstappen, sino porque este circuito, clásico y a la vez modernizado, sabe que vive sus últimos capítulos en la Fórmula 1. Y cada carrera, desde ahora, tiene sabor a despedida.
En lo deportivo, la previa señala a McLaren como el rival a batir. Oscar Piastri y Lando Norris llegan en un momento dulce, con ritmo, regularidad y confianza, mientras Red Bull afronta la presión de competir en territorio hostil y bajo la mirada exigente de su campeón del mundo. Verstappen necesita recuperar autoridad, y hacerlo ante su gente sería la manera más contundente de enviar un mensaje al campeonato.
Los hispanos en busca de protagonismo
La armada española también levanta expectación. Carlos Sainz y Williams están viendo como sus perseguidores en la zona media se les echan encima. Aston Martin, Kick Sauber, Haas y compañía pelean por esa 'zona media' llena de lobos con ganas de asaltar la 5ª posición que ahora mismo ostenta el equipo de James Wovles. Por su parte, Aston Martin, con Fernando Alonso a la cabeza, buscará afianzar al equipo británico en los puntos después de conseguir el mejor resultado de la temporada para el bicampeón astuariano, una P5 en Hungría. Mientras tanto, Franco Colapinto se subió al Alpine en los test de Pirelli justo en el parón veraniego, en el circuito de Hungaroring, donde sufrió un accidente. El argentino, plenamente recuperado, sigue adaptándose al coche de la marca francesa, cada vez está más cerca de los resultados de su compañero de equipo, Pierre Gasly.
El trazado que no perdona
Zandvoort es mucho más que un circuito pintoresco al borde del mar. Sus peraltes inclinados y su asfalto estrecho lo convierten en una trampa constante. El 70 % de la vuelta se recorre con el acelerador a fondo, y apenas un 14 % se dedica a frenar. La aerodinámica y la valentía pesan tanto como la estrategia, y un error, por mínimo que sea, se paga caro contra los muros cercanos.
Un adiós anunciado
El futuro de Zandvoort ya tiene fecha de caducidad: el contrato expira en 2026 y no habrá renovación. Cada paso por sus peraltes y cada rugido de motor resuenan como una despedida anticipada. El circuito, que volvió al calendario en 2021 tras décadas de ausencia, se ha ganado un lugar en la memoria reciente con carreras intensas y gradas volcadas en color naranja.
Lo que antes parecía un regreso definitivo se ha transformado en un episodio breve pero intenso, un capítulo de la Fórmula 1 marcado por la pasión neerlandesa y la fidelidad de una afición que convirtió cada Gran Premio en una fiesta nacional. Cuando llegue el adiós, Zandvoort dejará tras de sí la sensación de haber sido fugaz, pero también irrepetible.




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